División sexual de trabajo en Asia y África: ¿Realidad o ficción?

La primera entrada para este Blog me obligó a poner sobre la mesa un asunto de mucha importancia: la segregación entre mujeres y hombres respecto a la división sexual del trabajo.

¿Cuál es el papel de la mujer si consideramos la ocupación más alta según la OIT [1]? Es decir, los miembros del poder ejecutivo y de los cuerpos legislativos y el personal directivo de la administración pública y de las empresas. Por mucho tiempo los investigadores en sociología del trabajo no reconocían la segregación entre hombres y mujeres en relación a la cuestión laboral. Poco a poco los teóricos han dado cuenta de las relaciones de desigualdad entre sexos y el conflicto como un aspecto inherente a ellas. Pfefferkorn utiliza el concepto de rapports sociaux de sex, es decir relaciones sociales conflictivas ya que éstas son “á la fois de cohésion et de conflit” [2]. Con base en las estadísticas nacionales, analizamos el comportamiento de los países, a lo largo de dos décadas, respecto a la ocupación de nivel más alto (Figura 1).

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Figura 1. Porcentaje de las personas en el poder ejecutivo y de los cuerpos legislativos y los puestos directivos (%); Fuente: elaboración propia con base en censos nacionales IPUMS de Brasil, México y los países de Asia y África

Es cierto que hay que tener mucho cuidado con los datos oficiales, pero son los únicos que nos pueden decir algo. No encontramos resultados optimistas en Asia, África y América Latina. En todos los países (excepto Tailandia 1990) es menor el porcentaje de mujeres que ocupan altos puestos de trabajo.

Por ejemplo, en Camboya la participación de las mujeres -en ocupaciones del nivel más alto- subió de 8.9% a 20.6% entre 1998 y 2008. Mientras, en Tanzania no hubo cambios, las mujeres ocuparon el 41% entre 2002 y 2012. En México, la participación de las mujeres subió de 26% en 2000 a 37% en 2015 y todavía hay un largo camino por recorrer a pesar de las acciones para mayor empoderamiento. Lo mismo ocurre en el caso de Brasil. También podemos notar que hay retrocesos como en el caso de Tailandia y Filipinas. En Tailandia la participación femenina descendió de 53.8% a 36% entre 1990 y 2000. Otro hallazgo importante es que en todos los países africanos seleccionados, salvo en el caso de Tanzania, encontramos un aumento en la ocupación de niveles más altos por parte de las mujeres, que si bien es cierto no es tan significativo, al menos no experimenta un proceso de retroceso. Ante estos datos estadísticos, es importante recordar que la división sexual del trabajo es más o menos rígida según el tipo de sociedad, es decir, según sus factores demográficos, económicos, tecnológicos, políticos y culturales. Se abren muchas preguntas, como qué tanta responsabilidad tiene Global North en relación a la inclusión de las mujeres en las ocupaciones de más alto nivel, ya que de ahí llegan los consejos y ayudas para aumentar el empoderamiento del sexo femenino.

Entonces, ¿el conflicto es inherente para acabar con la segregación? Si no se cambian radicalmente los patrones de desigualdad, parece que sí.



[1] Las personas del poder ejecutivo, de los cuerpos legislativos y el personal directivo de la administración pública y de las empresas definen, formulan y orientan las políticas de los gobiernos nacionales, así como las de los organismos especializados, o asesoran al respecto. Visita: ILO.org
[2] Pfefferkorn, Roland (2016). Genre et rapports sociaux de sexe. Lausanne, Éditions Page 2, col. « Empreinte », pp. 108-109.



Fecha de publicación: 19/04/2018