El sueño de Nkrumah era convertir a África en un continente unido política y económicamente que pudiera hacerle frente a un mundo gobernado por intereses financieros internacionales, corporaciones y bancos extranjeros. En su libro Neo-colonialism: the last stage of imperialism sostiene que cuando las potencias descubrieron que el antiguo orden colonial traía consigo el riesgo de conflictos mundiales por el territorio, éstas encontraron una ventaja en la independencia de sus colonias, pues al pasar de territorios extensos que antes respondían a una unidad colonial a Estados aislados independientes no viables, mantenían atados a los nacientes países a recurrir al antiguo imperio por cuestiones económicas, de seguridad interna y de defensa, sometiéndolos a una explotación que los empobrece y que absuelve a los gobiernos del antiguo imperio de las responsabilidades políticas y sociales que generen descontento. Así, mientras el orden económico de los antiguos imperios prevalezca, los problemas de desigualdad del mundo capitalista sólo se trasladarán a los modelos nacionales, dejando como resultado Estados muy ricos que explotan a Estados muy pobres. Para Kwame Nkrumah, la única forma de acabar con este imperialismo cuyo método de coerción ya no era esencialmente militar, era la unión de todo el continente africano y la cooperación mutua para el intercambio internacional justo y el fomento de una industria y una identidad propia.
En su obra Africa must unite, Nkrumah plantea que la unión africana tiene que suceder a pesar de las diferencias históricas, lingüísticas, étnicas y religiosas del diverso continente, bajo el propósito de acabar con la realidad común de estar sometidos a la amenaza neocolonial, pues para él todo el imperialismo era imperialismo en el fondo, aunque los países africanos hubieran experimentado distintas formas de dominación.
Nkrumah difundió sus ideas en eventos como la Conferencia de Addis Abeba en 1963 de la Organization of African Union y sentó los principios de instituciones como la Unión Africana. Trató de consolidar sus políticas en los múltiples proyectos políticos y de infraestructura de Ghana, entre los que se pueden destacar la exitosa creación de universidades y hospitales. Asimismo, Nkrumah mantuvo una relación política cercana con personajes que lucharon por los derechos civiles de la población negra, como Martin Luther King, quien asistió a la ceremonia de independencia de Ghana y también fungió como mediador durante la Guerra de Vietnam.
No obstante, la figura histórica de Kwame Nkrumah se vio marcada por las controversiales acciones de su gobierno, pues tras varios atentados de homicidio contra él, decidió encarcelar a opositores políticos sin juicio. Del mismo modo, se le critica la política de 1964 que convirtió a Ghana oficialmente en un país unipartidista, así como los severos aprietos económicos que enfrentó el país y lo dejaron en bancarrota. Estos hechos vistos como errores siguen siendo objeto de especulación: la mala administración, los gastos excesivos, la corrupción o las mismas condiciones económicas provocadas por el neocolonialismo contra el que luchó son algunas de las explicaciones que se han ofrecido hasta ahora. En 1966 Kwame Nkrumah fue derrocado por un golpe de Estado militar mientras se encontraba en una misión de paz en China. Existe evidencia de que la CIA tenía conocimiento de este golpe, hecho que ha dividido opiniones entre quienes creen que el derrocamiento de Nkrumah fue orquestado por Estados Unidos y entre quienes creen que la CIA sólo estuvo enterada de ello. Lo cierto es que, como todos los líderes africanos, Nkrumah se encontraba en medio de un ambiente polarizado ocasionado por la competencia entre Estados Unidos y la URSS, quienes estaban en la búsqueda de aliados y enemigos e intervinieron numerosas veces en África durante el periodo de independencias.