Alrededor del mundo han existido coincidencias en los significados socioculturales adscritos a diversos colores, uno de ellos ha sido el púrpura. Este color se ha relacionado en varias partes del mundo con la nobleza, los altos rangos militares y el honor; tal es el caso de la cultura japonesa, sobre la que versará el presente texto.
Aunque hoy en día todos pueden acceder a la vestimenta y los pigmentos púrpuras, en un inicio estaban limitados y restringidos para el grueso de la población. A partir del año 603 d.C., en el periodo Nara bajo la influencia del príncipe Shōtoku, Japón adoptó el Sistema de los Doce Rangos (Kan'i Jūsson-kai). En esta estructura jerárquica, el púrpura fue designado como el color del rango más alto (el rango de la “Virtud”), marcando el inicio de su estatus como Kinjiki o “color prohibido” para la gente común. En este periodo, el púrpura representaba la nobleza máxima y la cercanía política y social al Emperador. Así, portar una prenda de este color sin el rango adecuado se consideraba un delito grave, lo que lo convirtió en el símbolo visual de la exclusividad cortesana.[1]
Posteriormente, hacia el año 757 fue promulgado el código Yōrō ritsuryō (養老律令), que ha sobrevivido hasta nuestros días por fragmentos a través de la Ryō no Gige (令義解), una obra exegética de 833. La sección penal del código se perdió, pero sobrevivió la mayor parte de la civil, de la cual se pueden rescatar las normas en torno a la vestimenta. En éstas, se estableció el púrpura como el eje estético para la conformación de los cánones: era el símbolo de la belleza e indicaba la pertenencia a rangos altos de la sociedad, específicamente las clases imperiales y aristocráticas. La ley Ebukuryō (衣服令), de indumentaria, constituyó los lineamientos categóricos para el uso y acceso a los colores. La distribución se realizó a partir de ocho colores, uno para cada categoría y rango nobiliario, incluso considerando las tonalidades dentro de cada color:
Así la distinción más alta empezaría con el color morado oscuro, fukamurasaki, 深紫 seguido del asamurasaki 浅紫 morado pálido. A continuación el color 深緋 kokihi, equivalente al rojo escarlata y 浅緋 asakihi de tono más claro.[2]
De esta manera, el color murasaki y sus variantes, y el color kurenai 紅, se reservaron para la indumentaria hō. En japonés, la palabra Murasaki (紫) se utiliza para denominar tanto el color, como la planta de cuya raíz se extraía tradicionalmente un tinte vegetal (Lithospermum erythrorhizon o gromwell). Por otro lado, el color kurenai 紅, equivalente a un color rojo intenso y oscuro, era importado de China, reservándose de igual manera para las clases altas.
Durante el periodo Heian, entre 794–1185, el púrpura se convirtió en el eje de la sensibilidad estética japonesa conocida como Miyabi (refinamiento). Este periodo representa la culminación de la estética de la cortesía y la elegancia, así como de la corte imperial y de la influencia del confucionismo, entre otras. El púrpura se asoció con la flor de la glicina (Wisteria), valorada por la aristocracia, considerado un color “noble y melancólico”, relacionado a la conciencia de la trascendencia, o de la noción del Mono no aware (物の哀れ).[3] Dicha noción se extendió hasta el periodo Edo en la producción literaria.
Durante el periodo Edo, entre 1603 y 1868, el púrpura se relacionó a la flor malva, símbolo y escudo de la familia noble Tokugawa. Por otro lado, en este periodo ascendió la clase mercantil, conllevando una transformación en la vestimenta y en los límites legales. Se desarrolló un tono de púrpura azulado muy popular en la ciudad de Edo, actual Tokio, llamado Edo-murasaki. Aunque seguía habiendo restricciones para las sedas más finas y los colores antes mencionados, la clase urbana empezó a utilizar matices de púrpura en algodones y otros materiales permitidos. Sin embargo, los actores del teatro Nō podían utilizar estos colores únicamente cuando presentaban papeles y personajes de emperadores o dioses, ayudando al ascenso en popularidad de la vestimenta púrpura.
De esta forma, debido a las leyes suntuarias que sólo permitían el uso de los colores café, gris e índigo para el grueso de la población, los ciudadanos desarrollaron “48 tonos de marrón y 100 tonos de gris” (Shijyuuhatcha-hyakunezumi). Dentro de estas variaciones, los grises purpúreos permitían a los ciudadanos vestir con elegancia sin violar las prohibiciones estrictas del púrpura brillante generando los colores Iki (いき, 粋).[4] Asimismo, para burlar las prohibiciones, las personas recubrían los interiores de sus prendas oscuras con los matices púrpuras, logrando esconderlos cuando fuera necesario.
Aunque fue restringido y de difícil acceso su uso, hoy en día la tinción purpúrea se ha diversificado y esparcido gracias a los procesos sintéticos. La producción del tinte a partir de la extracción de Lithospermum ha destacado por años por la sutileza requerida para extraer un poco de tinte de cada planta. Este proceso es admirado por la misma delicadeza de las raíces, ya que su fragilidad se destaca al momento de hervir el agua: si sobrepasa la temperatura ideal, el tinte se arruina y se desperdicia la raíz. Se ha considerado que esto refleja la “paciencia y reverencia” del artesano japonés hacia el material, manteniendo los valores simbólicos incluso durante el proceso de producción.[5] Tomando en consideración, además, que se necesita mucho material para teñir una sola prenda de ropa, aumentando su valor económico a partir del tiempo, el material, y la labor.
Aunque el tinte original y de mayor simbolismo se extraía de Lithospermum o Lithospermum o gromwell, el púrpura y sus significados también se han relacionado a varias plantas y orígenes. Por ejemplo, al ser también el color de los Samurai, el murasaki se buscaba ser presentado ante ellos únicamente en la flor de Iris, al simular la forma de las hojas de una katana.
El emblema mon o monshō (紋章) utilizado por la familia imperial Tokugawa representaba tres pétalos de malva real o Aristolochia, con su característico color púrpura y violeta. El Mitsuba-aoi (三つ葉葵), no era exclusivo de la familia Tokugawa inicialmente, pero cuando se estableció el shogunato, gradualmente se reservó y monopolizó su uso.
Por otro lado, la evocación más significativa es por la Novela de Genji (源氏物語), escrita alrededor del año 1000 por “Murasaki Shikibu”. Por el contexto de su producción era mal visto el nombrar a los personajes o mencionar sus nombres, por lo que a lo largo de la novela no hay nombres; por lo mismo, no se cuenta ni con el nombre de su autora ni de sus personajes. Así, se le han atribuido nombres para facilitar la lectura a partir de los juegos poéticos de la autora. Los nombres de pçurpura y violeta se mezclan y confunden entre las dos personas involucradas con el protagonista. De igual forma, se extendió “Murasaki” a la autora de la que se considera la primera novela psicológica.
En suma, el púrpura ha resultado pretexto, objeto y medio de las dinámicas cortesanas y populares de varios siglos de la historia de Japón. Al ser un color restringido, se adoptó por diversos sectores socio políticos como símbolo de realeza, belleza, virtud, rebeldía, naturaleza y amor.