La India es la quinta economía a nivel mundial, para el 2025 reportó un PIB de 4.51 trillones de dólares[1] y una población de 1.45 mil millones de personas[2]. El peso geopolítico del subcontinente indio es indiscutible, sin embargo, su estructura comercial revela una vulnerabilidad estructural: una dependencia crítica hacia los flujos de petróleo importado para sostener su matriz energética.
Y ante la actual coyuntura que presenta el conflicto militar situado en Irán, la explosión de los precios internacionales del petróleo volvió más evidente su vulnerabilidad productiva.
Tomando como referencia el Dubai Crude Oil Platts[3], se observa cómo el precio del barril de petróleo pasó de 68 USD por barril el 26 de febrero (dos días antes del inicio del conflicto) a un pico de 137 USD por barril el 18 de marzo, lo cual representó un aumento del precio de 101% (Fusion Media Limited, 2026). Demostrando sus implicaciones geoeconómicas en el mundo, específicamente para la economía de la India en el porvenir.
La colaboración existente entre la India e Irán representa un vínculo de beneficio mutuo a nivel geopolítico. La inversión en proyectos de infraestructura india en Chabahar (principal ciudad portuaria al sureste de Irán situada en el golfo de Omán) ha funcionado como una estrategia para contrarrestar la influencia de otra asociación como la de China con Pakistán en el puerto de Gwadar (puerto que se encuentra a 100 kilómetros de Chabahar), consolidando una relación que va más allá de lo comercial, y que tiene como trasfondo las constantes tensiones que persisten en la zona del Indo-Pacífico (Gyan, I. 2026; Krishnan, M. 2025). Esta relación no es solo una cuestión de comercio, sino una alianza estratégica en un contexto de policrisis global[4], ya que, como ha demostrado el conflicto entre Estados Unidos e Irán, el estrecho de Ormuz en un punto estratégico de la seguridad energética de la India, al depender de la importación del 90% de su crudo a través de dicha ruta marítima (SwissInfo, 2025).
El panorama energético de la India enfrenta desafíos críticos ante la inestabilidad de la región, particularmente por los sucesos recientes en el estrecho de Ormuz y su salida natural al mar arábigo, región marítima por la cual circulan los principales flujos petroleros para satisfacer las necesidades energéticas de la India. De acuerdo con información de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre Comercio y Desarrollo (UNCTAD,2025) estas perturbaciones reconfigurarían el comercio global, elevando los costos de transporte y generando riesgos sistémicos. Esto evidencia la vulnerabilidad de la India ante los bloqueos marítimos tras poner en juego su autonomía energética, la cual se encuentra supeditada a la estabilidad del Golfo Pérsico.
El impacto doméstico en la India ya es tangible, la suspensión de exportaciones de productos petrolíferos por parte de empresas como Mangalore Refinery and Petrochemicals Ltd, principal refinadora paraestatal india, la cual ha funcionado como una generadora de ingresos al gobierno por la exportación de combustible, refleja la severidad de una escasez que no puede resolverse exclusivamente mediante mecanismos de mercado y que impacta directamente a la capacidad del gasto público en la India (Wallbank & Chin, 2026).
Bajo este panorama, y ante la urgencia de este escenario de escasez del petróleo y el aumento de los precios del crudo a nivel internacional, el Departamento del Tesoro de los Estados Unidos ha emitido una licencia general hasta el 4 de abril que permite a refinerías indias procesar cargamentos de petróleo crudo proveniente de Rusia. Evidencia de la pragmática respuesta de la Administración Trump ante una crisis inminente en el suministro de combustibles refinados. Este movimiento, aunque limitado a una ventana de 30 días, que sigue avanzando y está próximo a vencer, ha obligando a priorizar la seguridad energética del occidente, Europa y Estados Unidos principalmente, sobre las políticas de aranceles previamente impuestas y las sanciones económicas de guerra contra Rusia.
Desde el año 2025, la volatilidad en el suministro energético ha puesto en riesgo la matriz productiva de la India. Las restricciones impuestas por Estados Unidos para importar petróleo ruso se ha agravaron por la guerra comercial iniciada por Estados Unidos que impuso aranceles de hasta el 50 % en sectores clave de exportación para la India, tales como el acero, el aluminio y tecnología[5], amenazando con desestabilizar exportaciones valoradas en 48.2 mil millones de dólares. Ante esto, el ministro de Asuntos Exteriores de India, S. Jaishankar, calificó la medida de injusta, marcando lo que muchos expertos consideran el momento de mayor crisis en la relación bilateral de las últimas dos décadas (Fong et al., 2023).
No obstante, India es quizás el miembro de los BRICS (Brasil, Rusia, India, China y Sudáfrica) con mayor orientación bifacética hacia Occidente, manteniendo alianzas importantes dentro y fuera de dicho bloque geopolítico. Pues si bien, su relación energética y de inversión con la India es fundamental, mantiene también una relación como miembro del Quadrilateral Security Dialogue (QUAD), alianza geopolítica y militar entre los Estados Unidos, Japón, India y Australia para contrarrestar la influencia política de China en la región del Indo-Pacífico.
Esta dualidad política de la India revela una paradoja: una interdependencia comercial profunda con los Estados Unidos como motor de crecimiento interno, y una dependencia energética con Irán, la cual se encuentra entre las naciones que Estados Unidos busca aislar. La reciente flexibilidad de la administración estadounidense, al otorgar licencias temporales, no soluciona la vulnerabilidad estructural de la India, sino simplemente la posterga.
De cara al futuro, la resiliencia de la economía india no dependerá de elegir un bando, sino de su capacidad para continuar y consolidar una política de doble alineamiento. En su necesidad de equilibrar dos polos del actual orden multipolar a través de la diplomacia. Por un lado, con su dependencia comercial, financiera y tecnológica con Estados Unidos y, por otro, su dependencia energética con Irán y el contrapeso de los BRICS, que representa no sólo la garantía de seguridad energética, sino también una muy importante vía para la cooperación con el Sur Global. El ascenso de la India como potencia en medio de la disputa geopolítica global está, por lo tanto, intrínsecamente ligado a su habilidad para desarrollar una estrategia bifacética exitosa, en la que su seguridad energética y productiva penden de un frágil equilibrio entre la hegemonía occidental y el ascenso de un nuevo orden global multipolar..