Los cartógrafos llenaron los vacíos de conocimiento a través de cálculos, así como de la imaginación [... abordaron las certezas y las incertidumbres, distinguiendo entre probabilidades e improbabilidades, lo atestiguado y lo no atestiguado.] — Alfred Hiatt
El Renacimiento europeo, entre los siglos XV y XVI, presenció una carrera por el “descubrimiento” y el dominio de nuevas rutas comerciales, territorios y riquezas. Tras la llegada de los españoles al continente americano en 1492 se continuó con la búsqueda de rutas hacia el continente asiático, por lo que las expediciones hacia el Mar del Sur (Océano Pacífico) tomaron mayor vigor al ya contar con tierras que sirvieran para establecer comunicaciones, astilleros, etc. Sin embargo, los reyes, navegantes, cosmógrafos y estudiosos europeos aún estaban consolidando sus conocimientos sobre el mundo, la navegación de los mares y las tierras nuevas.
Fue hasta el siglo XVI que el viaje de Magallanes estimuló la recuperación de hipótesis que llevaban siglos gestándose en los imaginarios europeos. Con el hito de encontrar el Estrecho de Magallanes y la apertura a su navegación interoceánica, se comprendió que había masas continentales distintas más allá de la nueva América conocida, reavivando el mito de la Terra Australis Incognita. Dicha concepción nació desde la antigüedad clásica occidental, con los postulados de Platón, Aristóteles, entre otros, y su alcance llegó hasta la modernidad y sus expediciones.
La idea evolucionó desde las Antípodas en los estudios clásicos de la materia física, la astronomía y la ecúmene (tierra habitada y conocida), hasta la Terra Australis Incognita (Tierra austral desconocida) o terra nondum cognita (tierra aún sin conocer), permitiendo que la imaginación coexistiera con la ciencia en la expansión ultramarina europea, sirviendo una dinámica de complementación mutua.