América Latina, el escenario de la tregua entre Estados Unidos y China

La Cumbre de Líderes del G20 que se celebró en Buenos Aires (Argentina) el viernes 30 de noviembre y sábado 1 de diciembre de 2018 terminó con un documento final que supuso una victoria diplomática para el país anfitrión, pero también un impasse para las tensiones que se habían vivido en Hamburgo el año pasado y en la reunión del G7 en Quebec en junio. Sin embargo, también fue la “excusa” perfecta para celebrar una cumbre paralela entre China y Estados Unidos, tras un año en el que la guerra comercial estuvo en el centro de la política internacional.

Esta especie de “nueva Guerra Fría comercial” atravesó fases de tensión y distensión a lo largo del año, desde que Donald Trump declaró el primer aumento de aranceles a las importaciones chinas el 23 de marzo pasado. Lo cierto es que es probable que las partes se dieran cuenta que un intento de negociación era lo más conveniente, ya que las economías china y estadounidense son cada vez más interdependientes. Esto queda demostrado en las estadísticas de las inversiones chinas en el sector inmobiliario estadounidense, que fueron clave para salir de la crisis del 2008 (Roldan, 2018), y la posesión de títulos de deuda pública norteamericana en manos de ciudadanos chinos (Salobral: 2018). A su vez, las exportaciones de China hacia Estados Unidos se duplicaron entre 2016 y 2017, llegando a 21.6%. Esto muestra que, como sostiene Eduardo Roldán (2018), si Estados Unidos dejara de comprar productos chinos, el PBI de China podría reducirse hasta 3%. Por su parte, si Pekín decidiera vender todos los títulos públicos que tiene de Estados Unidos, esto encarecería el costo de financiamiento de Washington.

Las expectativas ante la reunión eran muchas y, en los días y horas previos, no parecían muy alentadoras. De hecho, causó gran controversia un comentario que se filtró del encuentro entre Donald Trump y el presidente argentino, Mauricio Macri en el que la portavoz estadounidense Sarah Huckabee Sanders habría expresado su preocupación sobre la actividad “depredadora” china en América Latina. Aunque fue posteriormente negado por todas las partes involucradas, lo cierto es que añadió una cierta incertidumbre sobre la cena que los jefes de Estado mantendrían el sábado por la tarde.

Finalmente, los pronósticos más pesimistas no se cumplieron y en palabras de los protagonistas “la reunión fue un éxito”. En su comunicado, China consignó que el encuentro se celebró en un “ámbito amigable y cálido”, mientras que Estados Unidos citó al presidente Trump: "Esta fue una reunión asombrosa y productiva con posibilidades ilimitadas tanto para Estados Unidos como para China. Es un gran honor trabajar con el presidente Xi”. En ambos documentos se destaca la voluntad de cooperar en solucionar los actuales desequilibrios comerciales y en fortalecer su relación bilateral.

Se destaca, no obstante, una sutil pero marcada diferencia entre las declaraciones de prensa. La estadounidense precisa que Trump mantendrá las tarifas actuales de 10% a los productos chinos, aunque acordó no elevarlas a 25% en enero, como estaba previsto. En el párrafo siguiente se realiza una aclaración importante: se abrirá un período de 90 días para trabajar en las diferencias y “si al final de este período, las partes son incapaces de llegar a un acuerdo” se ejecutará el incremento. Además, el documento adelanta que Beijing convino comprar un monto, “no acordado aún pero sustancial” de productos agrícolas, energéticos e industriales de Estados Unidos.

Por su parte, China no hace mención a ninguna de estas cuestiones específicas aunque si consigna su compromiso por abrir su mercado. Además, hace hincapié en que ambas naciones deben “negociar para llegar a un acuerdo que signifique un ganar-ganar para las partes” y cita a Xi: “Es muy normal que dos países estén en desacuerdo sobre economía e intercambio. La clave es manejar esas diferencias correctamente y trabajar en una solución aceptable en el espíritu del mutuo respeto, igualdad y beneficio”.

La política exterior no quedó fuera de este encuentro y, en este punto, también pueden analizarse diferencias entre los comunicados. Los dos temas tratados fueron la situación de Taiwán y de Corea del Norte. Mientras que el primer tema solo es mencionado en el documento chino (“Estados Unidos continúa adhiriendo a la política de una sola China”), el segundo se encuentra presente en ambas declaraciones y se reafirma el compromiso, tanto de Beijing como de Washington, de trabajar en la desnuclearización de la península coreana.

Este martes, Trump utilizó su cuenta de Twitter para confirmar que el período de 90 días y las negociaciones ya comenzaron. El reloj empezó a correr, al menos para Estados Unidos que, hasta el momento, es la parte que habla de plazos. El límite es, curiosamente, el 1 de marzo de 2019. Una extraña coincidencia teniendo en cuenta que fue el 23 de marzo de este año cuando Estados Unidos desató esta guerra comercial ¿Se vendrá un segundo round o estaremos ante la tregua definitiva?

Bibliografía

Roldán, E. ed., (2018). Trump contra el mundo: el presidente de la discordia. 1º ed. Ciudad de México: AMEI.

Salobral, N. (2018). Por qué China tiene tanto poder sobre la deuda de EE UU... y del mundo. El País. [online] Disponible en: https://cincodias.elpais.com/c... [Consultado 02 diciembre 2018].